La mayoría de los mercados del mundo tuvieron otra mala semana y la ola de aversión al riesgo sumo más adeptos. Esta vez, además estuvo acompaña de caídas que han quebrado importantes niveles desde el punto de vista técnico. Esto se reflejó en una espectacular alza del precio del yen frente al resto de las monedas y una leve apreciación del dólar. El Dow Jones terminó el viernes en el nivel más bajo desde el 28 de abril. Es importante que logre permanecer por encima de los 8.000 puntos por una cuestión técnica y psicológica.

¿Por qué ahora se dan estas bajas? Los inversores parecen moverse todos en una misma dirección. Recordemos que el rally alcista que produjo la recuperación de los principales índices tras tocar los mínimos en décadas en marzo, fue lenta pero sin cesar, llegaron a semanas y meses consecutivos con alzas, ahora estamos viendo el proceso contrario. ¿Será igual de largo? Tal vez la duración no sea el problema sino la profundidad.



¿Qué cambió?

Las razones de las bajas que estamos viendo en los mercados tienen pocas similitudes con aquellas que se dieron desde agosto del año pasado. La situación no es la misma. El riesgo principal ya no es Wall Street, sino que se teme por lo que suceda en Main Street. Las no tan malas noticias, ya no son más buenas y el mercado exige que se transformen en buenas. ¿Qué significa esto? Que se vean signos claros de recuperación, con una desaceleración en el ritmo de la caída de la actividad ya no alcanza. Mucho se habla de los brotes verdes y temas por el estilo. La cuestión es que se necesitan ver un verde claro y por varios lados para justificar un alza en los mercados.

La situación actual enciende temores ya que se han invertido mucho millones y en caso de un recrudecimiento de la crisis, los gobiernos cuentan con menos herramientas: ya no se pueden bajar las tasas de interés, nuevos planes de estímulo chocan contra límites razonables de endeudamiento y nuevas políticas monetarias expansionistas aumentarán considerablemente los riesgos inflacionarios. Lo único que no se aplicó fueron políticas proteccionistas, que no implican reactivación, sino que por el contrario, en un mundo tan global, contribuirá a aumentar la recesión. Hoy en día, es poco probable ya que los líderes de los principales países se han manifestado en contra.

La esperanza a futuro está en los planes anunciados hace meses. Gran parte de los planes estímulos aún no fue aplicado. La ejecución de los mismos será clave para ver si se genera la tan esperada reactivación. Pero atención, que reactivación no significa volver rápidamente a los niveles de actividad de hace un año y media atrás, eso sería una reactivación espectacular y sin precedentes, algo poco probable con las tasas de desocupación y el contexto económico actual. Reactivación implicaría ir encontrando mes a mes una leve mejora en los índices como producción industrial, exportaciones, importaciones, un aumento en la capacidad instalada, por mencionar algunos.

Las noticias de la pasada semana mostraron que estamos aún lejos de ver dichos números. La confianza del consumidor en Estados Unidos volvió a caer, esto implica que más personas temen por el futuro de la economía y alguien que teme por el futuro, gasta menos, ahorra más, demora decisiones de compra de capital; los empresarios esperan en realizar determinadas inversiones, las piensan más y deciden arriesgar menos, esperando mejores momentos. Todo esto contribuye a que el escenario recesivo se prolongue.