Chrysler ya entró en bancarrota y General Motors (GM) se apresta a seguir por el mismo camino. Pese a los esfuerzos, el primero de junio es la fecha límite impuesta por el gobierno federal a la empresa. Funcionarios han expresado hasta cierto favoritismo por la quiebra por considerarla un escenario mejor para la reestructuración. Si bien y aunque se trate de un evento que se sepa de antemano que es posible que suceda, no implica que no tenga grandes y graves consecuencias sobre la economía y aún en los mercados. General Motors es la automotriz más grande de Estados Unidos, hay que imaginar la cantidad de proveedores, empleados, contratos, acuerdos, etcétera, que tendrán que ser renegociados y modificados. Aún teniendo un resultado beneficioso a largo plazo para la empresa, en el corto tendrá un alto costo. Hasta el índice Dow Jones sufrirá ya que tendrá que cambiar su estructura, puesto que GM es uno de los componentes.

Resta saber si el mercado de automóviles en el mundo ha completado el ajuste o si queda más aún. Este ajuste que comenzó por el lado de la demanda, vía una reducción importante en las cantidades y ahora se notan las consecuencias en el lado de la oferta.